Esta práctica matutina retoma una pregunta planteada el día anterior sobre el tercer y el cuarto fundamento de la atención consciente (satipaṭṭhāna). En lugar de responderla de forma teórica, la respuesta se teje dentro de la propia sesión.

Establecer la base: cuerpo y sensaciones

Antes de entrar en los fundamentos más conceptuales, la práctica se asienta en los dos primeros: el cuerpo y las sensaciones (vedanā).

Partimos de la postura. Buscar estabilidad física no es un detalle menor: las plantas de los pies apoyando en el suelo, los isquiones sobre la silla o las rodillas y el cóccix si se practica en cojín. Una respiración amplia, y la mente se deja descansar en el cuerpo.

Después, un recorrido sistemático. Primero descendemos desde la cabeza hasta los pies prestando atención a las sensaciones desagradables: cabeza, cara, cuello, hombros, brazos, manos, espalda, zona lumbar, pecho, costillas, abdomen, caderas, muslos, rodillas, piernas y pies. Luego subimos en sentido contrario buscando sensaciones neutras o agradables. Este movimiento deliberado entre lo desagradable y lo neutro o agradable ya es, en sí mismo, un entrenamiento de la atención imparcial.

El tercer fundamento: corrupción o ausencia de corrupción

Aquí es donde la práctica se detiene con más calma, porque es donde suele aparecer más duda.

El tercer fundamento consiste en observar el estado de la mente: si hay presencia o ausencia de lo que la tradición llama corrupción o contaminación. Se identifican tres estados principales:

  • Codicia (lobha)
  • Ira (dosa)
  • Ilusión (moha), cuya raíz es la ignorancia

Sobre la ilusión merece detenerse. Vivimos habitualmente en la ignorancia de creer que las cosas son permanentes. El ejemplo más inmediato: la suposición implícita de que vamos a vivir hasta ser ancianos. Es una ilusión comprensible, pero ilusión al fin. La realidad es que no tenemos ningún control sobre eso. Cualquier persona, hoy, puede recibir un diagnóstico grave o morir. Cuando estos momentos llegan, el sufrimiento suele ser mayor porque se choca contra esa ilusión de permanencia.

La instrucción en el tercer fundamento es, precisamente, contemplar el surgimiento y el cese de manera continua: la impermanencia. Observar cómo aparece el sufrimiento ligado a la codicia o a la ira, y cómo cesa.

El cuarto fundamento y el silencio como laboratorio

El cuarto fundamento extiende esa observación a los procesos mentales en su conjunto. La práctica los une: mientras se ancla la atención en la respiración, se percibe sin esfuerzo el surgimiento y el cese de cada ciclo respiratorio. Desde ahí, esa misma percepción puede expandirse a los pensamientos y a las sensaciones corporales.

Después de nueve minutos de silencio, la reflexión es directa:

“Es cuando uno se expone al silencio cuando puede empezar a conocer profundamente cuál es el funcionamiento de la mente, cuando se hace de una manera bien informada.”

Durante ese silencio habrán venido pensamientos del día, momentos de distracción completa, y quizás otros de cierta lucidez sobre el proceso. Todo eso es material de práctica. Con el tiempo, la competencia para reconocer esos estados se afina.


Que esta práctica sea para nuestro beneficio y para el de las personas con quienes convivimos, para ayudarnos a crear ambientes más armoniosos y más sanos.


⚠️ FUENTE PENDIENTE — Rellenar antes de publicar. Práctica adaptada de: [Autor] ([Año]). [Libro], pp. [X-Y]. Si la práctica es tuya pasa —no-source.