Esta sesión matutina combina dos elementos: una práctica breve de gratitud con registro escrito y el inicio de la lectura en voz alta de Quietud que fluye, la extensa biografía de Ajahn Chah escrita por Ajahn Jayasaro. A continuación recojo los dos bloques tal como se desarrollaron.
La práctica del cuaderno de gratitud
Antes de la práctica formal dedicamos unos minutos a revisar el registro de la noche anterior. El ejercicio consiste en apuntar, cada noche, diez cosas que podamos agradecer del día: puede ser alguien que ha tenido un gesto amable, alguien a quien nosotros hemos ayudado, o sencillamente algo que hemos vivido y que nos ha tocado.
No hay un número estricto. Al principio puede costar llegar a diez; con el tiempo suelen salir más. El límite, si es que existe, no está por arriba.
Una vez anotada la lista, la revisamos en silencio. No se trata solo de leer palabras: conectamos brevemente con cada momento, con las personas que contribuyeron a él, y ponemos la atención en el cuerpo. ¿Qué sensaciones aparecen mientras repaso estas cosas? ¿Hay algo que podría llamarse contentamiento, o gratitud? No hay que fabricar nada. Si está, se percibe; si no está, también se observa. La experiencia corporal directa es la referencia principal.
Asentamiento y postura antes de la lectura
Antes de abrir el libro, tomamos conciencia de la postura: plantas de los pies apoyadas, manos sobre las rodillas, espalda erguida pero cómoda, hombros y cara relajados, pecho abierto. Una respiración amplia para percibir el cuerpo entero —pies, piernas, caderas, tronco, brazos, manos, cuello, cara— y luego la atención se asienta en las sensaciones, preferentemente las agradables o neutras, esas que apenas se perciben.
Durante la lectura la invitación es mantener la percepción corporal y la respiración en un segundo plano, sin perderlas, y dejar que las palabras entren sin proliferación mental: escuchar, simplemente.
Primera lectura de Quietud que fluye
Quietud que fluye (Stillness Flowing en su edición original) es una obra de 880 páginas escrita por Ajahn Jayasaro. Describe la vida y las enseñanzas de Ajahn Chah, uno de los maestros más influyentes de la tradición tailandesa del bosque. Vamos a ir leyendo un poco cada día.
Hoy empezamos por el prólogo, firmado por Ajahn Sumedho, discípulo directo de Ajahn Chah. Merece la pena reproducirlo con cierta extensión porque sitúa bien el tono de todo lo que vendrá:
Esta biografía de Luang Por Chah será una ayuda importante para preservar las memorias y compartir las experiencias de aquellos de nosotros que vivimos y nos entrenamos con él. Yo mismo encontré a Luang Por Chah por primera vez en 1967 y me impresionó de inmediato su presencia silenciosa. En ese entonces yo no hablaba tailandés y él no podía hablar inglés.
Ajahn Sumedho describe cómo, en ese período inicial en que los intérpretes ya no estaban, las enseñanzas de Luang Por seguían siendo completamente accesibles porque eran esencialmente prácticas: observar el estado de la mente, ser consciente del arammana —la realidad emocional presente— y verla en términos de las tres características: anicca, dukkha y anatta. (Volveremos sobre estas tres características en sesiones posteriores.)
La actitud completa de Luang Por hacia la vida era tal que me motivaba para querer entrenarme y vivir como un Bhikkhu [monje]. Para mí él era el ejemplo viviente del resultado de la meditación budista en la tradición tailandesa del bosque.
El prólogo concluye con una nota sobre la proyección mundial que han alcanzado las enseñanzas de Ajahn Chah, fallecido hace más de treinta años: cuando Ajahn Sumedho lo encontró, era apenas conocido fuera de la provincia de Ubón. Hoy sus enseñanzas siguen resonando porque, como señalaba él mismo, cada uno puede aplicarlas directamente en su propia vida.
Terminamos la sesión con unos segundos de silencio, atentos a la respiración y a los sonidos del entorno.
Práctica adaptada de Ajahn Sumedho. Quietud que fluye.