Versión textual accesible reescrita a partir de la grabación. Conserva la secuencia y las instrucciones sin reproducir literalmente la locución ni las fuentes en las que se apoya.
01
Preparación
Adopta una postura estable. Recorre con la atención los pies, las piernas, la pelvis, el tronco, los brazos, las manos, el cuello, el rostro y el cuero cabelludo. Percibe después el cuerpo en conjunto, incluidos sus puntos de apoyo.
Descansa unos momentos en la respiración y reconoce el estado actual de la mente sin intentar modificarlo.
02
Elegir cinco etiquetas
Identifica cinco palabras o expresiones que utilizas con frecuencia para describirte. Pueden referirse a la profesión, el lugar de origen, el género, los valores, una función familiar o una afinidad.
No es necesario encontrar las etiquetas perfectas. Elige las que ahora parezcan tener más peso al explicar quién eres.
03
Observar una a una
Lleva la primera etiqueta a la mente. Atiende a las sensaciones corporales, emociones, recuerdos y expectativas que aparecen con ella. Repite el mismo proceso con las demás.
Distingue, cuando sea posible, entre la descripción concreta y la historia añadida: lo que esa etiqueta parece exigir, permitir o impedir.
04
Reconocer la identificación
Observa qué sucede cuando una etiqueta recibe aprobación y qué ocurre cuando alguien o alguna situación la pone en duda. Puede aparecer defensa, orgullo, incomodidad o indiferencia.
La propuesta no es eliminar las etiquetas. Consiste en conocer el grado de identificación que se organiza alrededor de ellas y cómo intervienen en los juicios y las relaciones.
05
Cierre y práctica diaria
Suelta las palabras y vuelve al cuerpo y a la respiración. Permanece unos instantes sin elaborar una definición de ti. Después, abre los ojos cuando resulte adecuado.
Hasta el siguiente envío, esta práctica puede repetirse una vez al día. También puede aplicarse brevemente cuando una etiqueta se active en una conversación o decisión.