La práctica comienza en silencio. Postura estable, no necesariamente cómoda. La mente descansa en el cuerpo antes de cualquier otra cosa.
Escáner corporal: conocimiento claro de la postura
El punto de partida es un recorrido atento por el cuerpo: pies, tobillos, piernas, muslos, caderas, zona lumbar, abdomen, columna completa hasta las cervicales. Desde ahí, pulmones, diafragma, corazón. Hombros, brazos, antebrazos, muñecas y manos. Y finalmente la cabeza: la piel de la cara, las zonas de tensión, los huesos de la mandíbula, los pómulos, el cráneo.
Un momento particular: cerrar la mandíbula, sentir los dientes, tomar conciencia de los huesos de la cara. No es un ejercicio habitual en prácticas de body scan estándar, pero ancla la atención en la textura más concreta del cuerpo físico.
El recorrido termina con una percepción global: todos los huesos, todos los músculos, toda la piel. A esto se le llama en la tradición clásica sampajañña, conocimiento claro de la postura. No es relajación; es conocimiento.
El cuarto elemento que regula la proliferación mental: la ética
Una vez estabilizada la atención en el cuerpo, la práctica introduce un contenido de reflexión. La proliferación mental —ese diálogo interno que ocupa y contamina la mente— tiene varios factores que la alimentan o la reducen. Este día se trabaja el cuarto: la ética.
La invitación es concreta: recordar una situación reciente en la que uno actuó de forma no ética. No hace falta que sea grave. Puede ser un atajo para ahorrarse unos euros, o cualquier otro comportamiento que uno reconoce como fuera de sus propios valores. Observar qué ocurrió después: qué pensamientos surgieron, cómo estaba el cuerpo, cuánto espacio mental ocupó esa situación.
Luego, el mismo ejercicio con el polo opuesto: una situación en la que sí se actuó con ética, en la que podría haberse aprovechado una circunstancia y no se hizo. Observar los pensamientos y las emociones que aparecen. Notar si hay diferencia.
“Un mínimo marco ético es imprescindible para disminuir la proliferación mental. Porque la falta de ética suele provocar preocupación y culpa.”
En el budismo clásico, el código ético básico incluye no matar, no robar, no tener conducta sexual ilícita, no mentir y no tomar intoxicantes. La razón no es moral en sentido abstracto: estas actividades nublan el juicio. Se entiende que una vida ética produce menos culpa, menos preocupaciones, menos dudas —que son, todas ellas, fuente inagotable de diálogo interno.
Cierre: respiración y tono afectivo
Los minutos finales se dedican al silencio: respiración, sonidos, y la observación del tono afectivo que acompaña lo que se percibe. No hay instrucción de cambiar nada; solo darse cuenta de cómo colorea la experiencia lo que uno percibe en ese momento.
Antes de salir de la práctica, una respiración amplia. Movimiento suave de los dedos de las manos y de los pies. Y tranquilamente, terminar.
Práctica adaptada de Javier García-Campayo (2019). Vacuidad y no-dualidad. Meditaciones para deconstruir el yo, pp. 116-123.