Hay una manera de acceder a lo que las tradiciones contemplativas llaman vacuidad sin necesidad de ningún marco conceptual previo. Basta con prestar atención al espacio que existe entre tu cuerpo y los sonidos que te rodean.
Espacio como objeto de meditación
Antes de iniciar cualquier exploración conceptual, conviene hacer una o varias respiraciones amplias, tomar conciencia de la postura global del cuerpo y permitir que los sonidos lleguen tal como llegan. Desde ahí, la práctica es sencilla: situar la conciencia allí donde surge el sonido —quizás en la calle, quizás al fondo de la sala— y hacerse consciente del espacio que media entre ese origen y el propio cuerpo.
Cuando no hay sonido, ese espacio no desaparece. Se extiende en todas las direcciones: arriba y abajo, a los lados. Se puede permanecer en esa quietud, con la respiración como ancla sutil, sin necesidad de reducir ni acotar nada.
Vacuidad no es ausencia, sino apertura
Cuando se habla de vacuidad —śūnyatā en la tradición budista clásica— no se alude a un estado de nada. Se señala que en la mente hay espacio: que los fenómenos que surgen en ella —sonidos, pensamientos, sensaciones corporales— son impermanentes, cambian y desaparecen dentro de un espacio que no tiene límites definidos.
Los pensamientos, igual que los sonidos, forman parte de la práctica. Surgen, se transforman y se disuelven en ese mismo espacio. Reconocer esto no requiere suprimir nada; requiere observar que el espacio los contiene a todos por igual.
La misma exploración con los ojos abiertos
Es posible llevar esta misma calidad de atención a la experiencia visual. Se abren los ojos despacio y se atiende no a los objetos en sí, sino al espacio que los rodea y al espacio que hay entre ellos y uno mismo. Al cerrar de nuevo los ojos, los objetos vistos se disuelven progresivamente: estaban constituidos, en gran medida, por espacio; y ese espacio permanece.
Lo mismo ocurre con el cuerpo propio. Atómicamente, y desde la física, la materia es casi enteramente vacío. Desde la perspectiva contemplativa, el cuerpo también puede percibirse como rodeado de espacio, formando parte de él, disolviéndose en él.
Una invitación a la práctica
Puedes explorar esto ahora mismo: escucha los sonidos que te llegan, localiza su origen y siente el espacio que hay entre ese origen y tú. No hay nada que construir. El espacio ya está ahí.
Práctica adaptada de Javier García-Campayo (2019). Vacuidad y no-dualidad. Meditaciones para deconstruir el yo, pp. 124-137.